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Los métodos anticonceptivos
 
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Anticonceptivos quirúrgicos

En la actualidad, la esterilización femenina puede lograrse con una intervención quirúrgica sencilla y segura, que puede realizarse en cualquier momento de la etapa reproductora femenina, si bien muchas mujeres optan por hacerlo tras un parto.

Anticonceptivos quirúrgicos
© Jupiter

En realidad, la operación puede realizarse por distintas vías de acceso, ya sea por vía vaginal o, como es lo más habitual, mediante una laparoscopia, con la ayuda de un delgado tubo provisto de un sistema óptico que se inserta a través de la pared abdominal. Esta última opción es la que goza de mayor aceptación, puesto que puede llevarse a cabo con anestesia local y en régimen ambulatorio.
En cuanto a la técnica de bloqueo en sí, hoy en día existen numerosas alternativas.

Indicaciones

La esterilización quirúrgica es un método anticonceptivo que, aunque en algunos casos y según la técnica empleada puede ser reversible, en principio se considera definitivo, irreversible, por lo que sólo se recomienda para mujeres y hombres que, tras meditarlo a conciencia, deciden no tener descendencia o bien no tener más hijos. En este sentido, constituye una buena opción a tomar en consideración en caso de parejas con familia numerosa que no desean tener más hijos.
También hay indicaciones médicas para someterse a una esterilización, puesto que se trata del método anticonceptivo más eficaz e idóneo para situaciones en que un eventual embarazo suponga un grave riesgo para la salud de la madre, por ejemplo, por padecer alguna enfermedad capaz de poner en peligro su vida si se agrava con la gestación.
Por último, constituye asimismo una opción para evitar el embarazo cuando la mujer es portadora de una enfermedad hereditaria transmisible grave.

Esterilización femenina

Es un método anticonceptivo permanente y en principio irreversible basado en el bloqueo de las trompas de Falopio, lo cual suprime la posibilidad de que ocurra una fecundación. Suele realizarse mediante una intervención quirúrgica denominada ligadura de trompas, técnica consistente en seccionar los oviductos y a continuación ligar los extremos, aunque el bloqueo tubárico también puede lograrse con otros procedimientos. Este método provoca esterilidad sin generar ninguna alteración en el funcionamiento del aparato genital femenino, por lo que no modifica el ciclo menstrual ni incide en modo alguno sobre la vida sexual de la mujer.

Esterilización masculina

La esterilización masculina es un método anticonceptivo permanente y en principio irreversible, que se lleva a cabo mediante una sencilla intervención quirúrgica denominada vasectomía, en la cual se seccionan los conductos deferentes encargados de transportar los espermatozoides producidos en los testículos en dirección al exterior. Después de la operación, aunque el hombre conserva su potencia sexual y puede mantener relaciones sexuales con absoluta normalidad, el semen emitido en las eyaculaciones no contiene espermatozoides y pierde por completo su capacidad fecundante.

Fundamentos de la vasectomía

La vasectomía se basa en el bloqueo del trayecto que siguen los espermatozoides desde los testículos para llegar hasta la uretra y pasar a formar parte del semen, requisito básico para que la eyaculación sea fecundante. Dicho bloqueo se logra merced a la sección de los conductos deferentes, largas estructuras tubulares de diámetro muy reducido que constituyen la continuación de los epidídimos y tienen la función de transportar los espermatozoides procedentes de los testículos hacia el exterior. Estos conductos son fácilmente accesibles a través de sendas incisiones en el escroto, por lo que la intervención resulta sencilla y provoca unas molestias mínimas.
Después de la operación, los testículos siguen secretando hormonas masculinas y también continúan produciendo espermatozoides, pero éstos no pueden acceder al exterior y al cabo de un tiempo se reabsorben, sin ocasionar perjuicio alguno. La respuesta sexual no resulta afectada por la intervención y, por lo tanto, el hombre puede seguir desarrollando una actividad sexual normal. La única diferencia radica en que el semen pasa a estar compuesto sólo por el líquido seminal elaborado por las vesículas seminales y la próstata, cuyas vías de excreción no se modifican con la intervención, y deja de contener espermatozoides, suprimiéndose por completo la posibilidad de que origine un embarazo.

Unas normas básicas

La eficacia de la vasectomía roza el cien por cien si la técnica empleada es correcta, ya que excepcionalmente se producen fallos como consecuencia de una recanalización espontánea de los conductos deferentes. Sin embargo, el resultado de la operación no es inmediato, dado que las primeras eyaculaciones tras la intervención pueden contener espermatozoides almacenados en los conductos que continúan comunicados con el exterior.
Esto obliga a recurrir a otro método anticonceptivo durante cierto tiempo, como mínimo hasta que se hayan producido unas quince eyaculaciones, siendo conveniente efectuar entonces un análisis de semen para constatar la ausencia de espermatozoides antes de tener relaciones sexuales sin protección. Esta precaución es de la máxima importancia, puesto que buena parte de los pocos fracasos del método se deben a un incumplimiento de tal conducta por considerar, erróneamente, que el método garantiza una eficacia anticonceptiva de inmediato tras su realización.

Reversibilidad

El hombre que piensa someterse a una vasectomía debe solicitar un adecuado asesoramiento y meditar bien su decisión. Cierto es que algunos hombres cambian de opinión al cabo de un tiempo de someterse a la esterilización, incluso años después, por ejemplo, porque tienen una nueva pareja y desean tener un hijo con ella. En tales casos, puede intentarse revertir la situación efectuando una nueva operación basada en la unión de los extremos del conducto deferente que han quedado separados. Pero los resultados de esta intervención son inconstantes.
Aunque muchas mujeres gestantes y sus respectivas parejas mantienen unos niveles estables del impulso sexual durante el embarazo, otras presentan notorias oscilaciones o incluso una inhibición de la libido durante esta época. Es algo del todo normal, porque muchos factores inciden sobre la sexualidad durante la gestación, pero conviene analizarlos para evitar que algunas creencias, por completo infundadas, perjudiquen las relaciones íntimas en un período tan peculiar y tan sensible, durante el cual las demostraciones de afecto adquieren una especial importancia.

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19/07/2010

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