Blog de pareja y sexo

Nunca tengo ganas


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Más de la mitad de las personas que acuden a terapia sexual lo hacen por quejas relacionadas con el deseo. El problema no suele estar en que ese individuo sienta que sería más feliz con otro nivel de deseo por convicción propia, sino que su grado de deseo no es compatible con el de su pareja.

Una relación involucra dos personas distintas, eso es obvio, pero es que además debemos pensar que esas dos personas (salvo infidelidades) tienen las mismas relaciones sexuales; practican las mismas técnicas, las mismas posturas, en el mismo momento y el mismo lugar. Y, como somos diferentes, nuestro apetito sexual cambia. Así que es sumamente fácil encontrar discrepancias en el nivel deseo.

El individuo de la pareja que suele pedir ayuda cuando existen estas discrepancias es el que se encuentra en un nivel más bajo de libido que el de su compañer@. Debemos darnos cuenta de que las diferencias en cuanto al deseo son normales y no es culpable ni el que quiere más ni el que quiere menos que el otro. Aquí hay algunos consejos que pueden ayudar a la persona con falta de deseo.

Intenta descubrir si hay una causa más profunda.

Aunque tener la libido baja es algo muy habitual, si es un problema acusado y duradero (más de 6 meses) puede ser importante saber cuál es la causa exacta. Entre las causas más comunes están:

-         Estrés y preocupaciones.

-         Dificultades en la relación de pareja.

-         Uso de anticonceptivos hormonales y algunos medicamentos.

-         Dolor o poco disfrute en las relaciones sexuales.

Estimúlate.

Los estímulos sexuales te harán querer más. Acude a novelas y películas eróticas y procura fantasear un ratito cada día. Notarás la diferencia.

Estate dispuest@ al sexo aunque no tengas un deseo intenso.

Aunque no te apetezca, cuando comience la estimulación podrás disfrutar, incluso sin llegar al orgasmo, de la intimidad, las caricias y el placer. No te quedes en el todo o nada y recuerda que el sexo llama al sexo.

Cambia tu concepto de relaciones sexuales.

No tienes por qué renunciar a todo lo que implica el sexo solo porque no te apetezca la penetración o la estimulación genital; disfruta del placer de tocar sin una expectativa de que vaya a haber coito después.

Sobre todo, asume que no siempre vas a tener el mismo nivel de deseo y que es muy probable que, en ocasiones, sea distinto al de tu pareja.

 
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