Iguales pero no idénticos
Igualdad de sexos, sí. Pero ¿idénticos? En una época en la que impera el espíritu unisex y reivindicar la diferencia entre sexos está mal visto, el psiquiatra Jean-Paul Piaulet afirma: las diferencias entre hombres y mujeres no son creaciones culturales. El cuerpo y es espíritu son sexuados. Admitirlo nos ahorraría muchos malentendidos.
En su consultorio muchas de las quejas giran en torno al apetito sexual de los hombres y el sentimiento de incomprensión de las mujeres. ¿Puede explicar?
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Los hombres se quejan de que las mujeres no experimentan el mismo deseo sexual que ellos y que esto los hace estar en situación de mendigar. Las mujeres, por su lado, se quejan del exceso de demanda. Las mujeres parecen necesitar más del deseo masculino que del disfrute sexual. Y tienen la impresión de que los hombres las ignoran. El orgasmo, en la mujer, ¡no es la principal preocupación!
Usted ha dicho que "habitar un cuerpo sexuado modela un estilo de atención diferente en cada sexo". ¿Cuáles son los rasgos generales de esos diferentes estilos?
El hombre posee un cuerpo dotado de un órgano claramente visible y con el cual juega y obtiene placer desde una edad muy temprana. Para él el erotismo es un juego en el que interviene su sexo y su compañera, una mujer. La mujer, en cambio, involucra el sexo y la totalidad de su cuerpo. Ella no se divierte con el sexo sino que se ofrece entera. Lo que activa el deseo en el hombre y en la mujer es una prueba de las profundas diferencias entre los sexos en el plano erótico. Para él es lo visual, mientras que para ella, se trata de los olores, el contacto, las caricias, sólo posibles en la intimidad.
Los deseos del hombre y de la mujer ¿son verdaderamente tan diferentes?
Sí, porque en el hombre el erotismo visual favorece una sexualidad distanciada que lo hace entregarse a un mundo de imágenes, de fantasías sexuales. La mujer, en cambio, para excitarse ante la presencia de un hombre necesita que éste se muestre ardiente y le haga evidente su deseo. El erotismo del hombre es auto-erótico, mientras que el de la mujer es hetero-erótico, porque ella tiene necesidad del otro. Él es visual y distanciado; ella es sensual y relacional. El malentendido se produce porque en la relación ella se siente un objeto, no alguien deseado.
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