La mujer iniciadora de la sexualidad
La dimensión femenina de la sexualidad suscita todavía muchas preguntas pero permite intuir la existencia de otras maneras de amarse. El hecho de que la mujer “inicie” no significa renunciar a los arrebatos fogosos más típicamente masculinos, sino enriquecerlos. Hacemos un repaso con la ayuda de la psicoterapeuta francesa Diane Bellego.
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La noción de mujer iniciadora en una relación carnal está rodeada de muchos misterios. Fascina a algunos, asusta a otros y, por su puesto, abre una batería de interrogantes: ¿qué es una mujer iniciadora? ¿Cuál es el lugar del hombre y qué cambio se produce en su sexualidad? Antes de fundar los cimientos de una sexualidad del siglo XXI, Bellego precisa: “La sexualidad iniciada por la mujer no reemplaza la sexualidad masculina, muy fogosa, ¡sino que la enriquece!”.
Virtudes femeninas
“Cada mujer lleva en ella el secreto de la unión con el hombre”, escribe la psicoterapeuta Catherine Delorme. Detrás del término “iniciadora” se perfila una invitación a explorar un tipo de sexualidad basada en los valores femeninos pero en la que la fuerza imperiosa del deseo masculino pudiera arreglárselas sin juegos preliminares.
La dimensión femenina aún permanece un tanto desconocida y la siguen conformando valores como la ternura, la suavidad y la introspección. No se perciben como aspectos remilgados de su personalidad sino como puntos clave de su sexualidad. “Más introspectiva y más dada a la lentitud, la experiencia puede provocar pánico en el hombre, que debe renunciar por una vez a una forma de excitación más agresiva”, señala Bellego.
La intimidad en el seno de la sexualidad
Una de las claves para explorar la sexualidad femenina consiste en entrar en contacto con una misma. Existe la costumbre, en los hombres sobre todo, de establecer el orgasmo como objetivo principal del encuentro amoroso. Pero ¿y si en lugar de esperar el frenesí sexual prestáramos atención a las sensaciones corporales? “En lugar de hacerse caricias con el fin de excitar las zonas erógenas deberíamos ser capaces de dejarnos llevar por lo que nos dice el cuerpo”, explica Bellego.
La dimensión lúdica
Las revoluciones no se hacen en un día, de modo que es muy probable que el hombre más bruto y deseoso de abandonarse a la explosión de testosterona se rebele. “La dimensión lúdica puede impactar contra la angustia del ´no siento gran cosa´”, asegura Bellego. Para zambullirnos en la dimensión erótica más juguetona podemos apelar a nuestro lado animal, “no a la mujer pantera, dominadora y seductora, sino a la parte salvaje capaz de destrabar una energía a menudo contenida”, precisa la experta. Es ese aspecto el que hace proferir sonidos y provoca roces, movimientos y juegos.
El sentimiento profundo
Más que de hacer el amor se trata de “escuchar el deseo de unión del yoni (sexo femenino) y del lingam (sexo masculino)”, propone Bellego. No estamos acostumbrados a sentir. Sin embargo, de una escucha profunda de nuestros cuerpos puede surgir la evidencia de que nuestros dos sexos están hechos para encontrarse, algo semejante a las miradas que intercambian dos amantes. Se trata del sentimiento de reconocer que todo intercambio visual debe vivirse en la intimidad del cuerpo, entre el yoni y el lingam. ¿La clave para acceder a este sentimiento profundo? “Podemos ayudarnos de una respiración y de movimientos lentos y profundos”, recomienda la especialista.
Todo comienza en la vida cotidiana
La dimensión femenina de la sexualidad, como terreno de explotación, comienza en la vida cotidiana. “Una simple caricia de buenos días cuando suena el despertador puede generar un acercamiento sensorial diferente”, dice Bellego. Lo mismo sucede al cogerse de la mano o al darse un beso durante el desayuno. Todo depende de las ganas que tenga cada uno de abrirse a esta nueva dimensión.
C. Maillard
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