Los jóvenes españoles frente a la diversidad sexual
Con motivo del día del orgullo gay, cuya fiesta se celebra este año el 2 de julio, Doctissimo repasa las percepciones, opiniones y actitudes de los jóvenes españoles frente a la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad.
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La juventud española acepta la diversidad sexual. Es lo que se desprende de un sondeo realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que reveló que un 76 por ciento de los jóvenes españoles aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo y un 84 por ciento opina que debería poder hablarse con naturalidad sobre este asunto.
El sondeo, que recoge las opiniones, actitudes y estereotipos que tiene la juventud española respecto de los adolescentes gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, se realizó a partir de 1.411 entrevistas a personas de entre 15 y 19 años.
A pesar de lo positivo de las cifras, que en general reflejan a una juventud abierta y tolerante, los resultados muestran también que aún queda mucho por recorrer. “Los avances alcanzados durante los últimos años en España nos han convertido es un referente internacional en ampliación de libertades civiles y derechos sociales. La juventud ha ejercido de educadora de sus padres a la hora de abrir mentalidades y propiciar una mayor tolerancia respecto de la diversidad sexual. Sin embargo, quedan muchos obstáculos y discriminaciones por eliminar”, expresa el director general del Instituto de la Juventud (Injuve), Gabriel Alconchel.
Así es. Los jóvenes y adolescentes con orientaciones sexuales diferentes continúan siendo objeto de prejuicios, exclusión, acoso escolar y violencia física o psíquica, recuerda el presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), Antonio Poveda.
En gran parte, esto obedece a la falta de información. La televisión es la principal fuente de conocimiento sobre la realidad del colectivo LGTB y las personas que ella muestra a menudo constituyen sus únicos modelos y referentes. Paralelamente, hay un enorme desconocimiento de personajes LGTB históricos, literarios, etc., y una carencia de diálogo, tanto en el ámbito doméstico como en el escolar.
En cuanto al porcentaje de la población joven que se reconoce como LGTB, el sondeo reveló que es de un seis por ciento: un número que componen 540.000 jóvenes y 180.000 adolescentes de enseñanza secundaria.
La aceptación, en cifras
En efecto, la juventud de nuestro país acepta la diversidad sexual, así, un 54 por ciento tiene amigos gays (37,2 por ciento lesbianas; 24,9 por ciento bisexuales, y 3,5 bisexuales). Un 81 por ciento acepta relaciones entre varones y un 84,1 por ciento, relaciones entre mujeres. Un 76,8 por ciento aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo (el Congreso lo aprobó en 2005), cifra que se eleva al 81,2 por ciento si sólo se cuentan españoles. De éstos, 71,2 son votantes del PP y 52,7, católicos practicantes.
Pero no todos en el colectivo LGTB se benefician de la apertura ideológica del mismo modo: mientras que los varones homosexuales gozan de una aceptación considerable, las lesbianas, los bisexuales y los transexuales con frecuencia son víctimas de un mayor rechazo social. Aunque, de acuerdo con el sondeo, los discursos tienden a ser más tolerantes en los núcleos urbanos y entre la gente joven.
La expresión pública de afecto entre personas del mismo sexo, en especial hombres, continúa siendo polémica. “Es importante trabajar en la des-naturalización de tales resistencias, sobre todo en colegios e institutos, donde existe un cierre total a la más mínima muestra de afecto homosexual o bisexual, y donde no se están tratando estos temas”, subraya Poveda.
Así lo demuestra el sondeo, que revela que un 60 por ciento del alumnado recibe poca o ninguna educación sexual y un 41 por ciento no recibe ninguna información sobre diversidad sexual.
En el ámbito doméstico la cuestión también suele ser tabú. Sólo un 22 por ciento de los jóvenes cree que el padre aceptaría totalmente a un hijo gay y un 47,9 por ciento cree que la madre lo aceptaría totalmente. Aunque también en este aspecto los jóvenes se constituyen en educadores de sus padres, y han favoreciendo opiniones y actitudes más tolerantes en éstos, analiza Alconchel.
Pero el entorno juvenil no está exento de individuos homofóbicos y la discriminación se manifiesta mediante la risa, la burla, el insulto, la hostilidad o la violencia física. Las cifras son elocuentes: un 77,4 por ciento de la juventud ha escuchando insultos y un 18,1 por ciento ha presenciado golpes o empujones. Frente a este panorama, Poveda se pregunta: “¿Qué tiene que suceder para que los jóvenes LGTB sean tomados en cuenta dentro del sistema educativo?”.
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Paloma Gil Estrada
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