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El soñador apasionado

En el amanecer, mientras que el amante duerme, su amada le contempla. No queda nada, en su sueño, de su fuerza dominante, sólo parece un frágil niño. Aunque bajo la sábana su pene endurecido es testigo de su virilidad. ¿Con qué sueña entonces?...

El soñador apasionado
© Alejandro Rodriguez

Los hombres tienen erecciones mientras duermen, especialmente por la mañana. Para la mujer, nada es más tentador, ante este espectáculo, que aprovechar el momento para demostrar su amor y marcar el paso.

Cómo practicar la postura del soñador apasionado

Al principio, el soñador está profundamente dormido y no reacciona. Su compañera es la maestra de su cuerpo que ella toca suavemente con un dedo. Se acerca al duro pene, sopla ligeramente su piel y la besa furtivamente. Con el pene en la mano, lo pone entre sus labios y le da vueltas en su boca. También lo puede apretar con sus labios y dejarlo salir, empezar de nuevo, a menos que prefiera presionar sus labios cerrados contra el glande descubierto y besarlo. Al mismo tiempo sus dedos toquetean los testículos y recorren el cuerpo del durmiente cuya pasión sólo crece.

Si lo quiere la mujer, puede acariciarse o preferir sentarse a horcajadas sobre la pierna del hombre para frotar sus labios menores y su clítoris. Así su excitación sexual sube en intensidad simultáneamente a la de su amante. El interior de la vagina se lubrica naturalmente, el músculo perineal se contrae probablemente por pequeñas sacudidas, señales de que el sexo de la mujer espera al pene. Y cuando por fin el hombre se despierta, encuentra a su amante lista para un placer que él quiere compartir con ella.

Cuando las estimulaciones llegan a cierto punto, el hombre no puede contener la eyaculación. Pero al estar ella preparada para gozar, se arriesga a frustrarse si no hay penetración. ¡Lo que debería hacer es dosificar sus caricias de tal modo que un coito concluya su obra!

Después de tantos roces variados, el hombre está totalmente despierto. Experimentando la “ciencia amatoria” de su compañera, se deja llevar gracias a sus juegos dócilmente y le da total libertad de acción, sin olvidarse de acariciarla. La mujer dirige el acto sexual, guiando a su amante e imprimiendo un movimiento de vaivén a veces, otras girando. A él le encantará tanto el entusiasmo de la mujer, que halagará su virilidad, como las diferentes sensaciones que ella le ofrece. El hombre sabrá ayudar a su amada cuando está cansada gracias a la fuerza de su excitación: se apropia el cuerpo de la mujer, gozando de ella con ardor, hasta llegar al orgasmo. En la postura primera o la que él elige, el coito es frenético: un soñador sacado del descanso por su amada sacia el deseo amoroso hasta la locura.

Anaïs Barthélémy

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