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El tigre al acecho

El paso lento y ondulante del tigre es mucho más sensual en apariencia que un comportamiento de depredador. El tigre al acecho es una postura, pero también una actitud. ¡Olvídate de la dulzura y deja salir tus instintos animales en los preliminares!

El tigre al acecho
© Alejandro Rodriguez

¡El patio de juegos no se limitara al dormitorio! El “tigre” y la “tigresa” juegan con sus deseos recíprocos y se persiguen para añadir un toque picante a la relación erótica. ¡Una mesa o un sofá incluso pueden volverse en un gracioso parapeto entre los amantes!

Cuando ya se besan, las lenguas se mezclan y se buscan. Las manos no acarician, pero arañan, sin la necesidad de dejar cicatrices. La uña del índice dibuja ligeramente un trazo en la espalda, los hombros o el vientre. Entonces los dedos se juntan y graban más profundamente en la carne su itinerario: de la cara al seno, de las caderas al trasero. Los arañazos en el pene o el monte de Venus deben ser muy cuidadosos, para no dañarlos. Daos un tiempo para observaros antes de seguir con el juego. Todavía es demasiado pronto para la penetración.

Al negar el acceso a su vagina, la mujer excita aún más a su pareja. Mientras espera al pene, puede sentir cómo su clítoris se contrae y se prepara al placer. Su vagina se dilata y se lubrica por sí misma, su cuerpo impaciente se imbuye del olor particular del sexo. De pie, sentados o tumbados, la “riña” es apasionada: ¡ambos defienden su cuerpo y se ofrecen a la vez!

Acercarse no impide continuar con mordiscos. Desde el mordisquito gracioso en el lóbulo de la oreja hasta un bocado en el pezón, incluso el mordisco profundo en la carne tierna situada en la nuca. La mujer puede también agarrar el sexo del hombre en su boca y rascarlo con sus dientes en toda su longitud. El hombre mordisquea los labios menores del sexo femenino. ¡El fin nunca es dañarse, sino usar un lenguaje corporal poco convencional!  

Al hombre le toca, como un tigre al acecho, decidir el momento ideal para acabar con los juegos preliminares. Sujeta la mujer por su cintura y bloquea sus movimientos. La vuelve de espaldas y la arrodilla, busto al frente, senos al suelo, apoyada en sus antebrazos y la cabeza reposando en sus manos. ¡Con esta actitud sumisa, como al rezar, la mujer ofrece al hombre un espectáculo igualable a su erección! Se pone en cuclillas tras ella y guía su pene al interior de su vagina. En esta posición, la apertura está muy estrechada y el pene, llenando la vagina, le parece a la mujer más voluminoso de lo normal. El hombre efectúa cuatro o cinco penetraciones superficiales antes de arremeter profundamente. El contacto de los labios y las paredes vaginales con el pene es estrecho. Los pelos púbicos se entremezclan. La alternancia de los tipos de penetraciones y su ritmo amplifica el placer de ambos. Sostenida vigorosamente por su pareja, la mujer no puede moverse y expresa su voluptuosidad por gemidos. Su gozo está a punto de ser insoportable, por la estimulación tan eficaz del punto G en esta postura. Entonces el hombre deja surgir el esperma y goza al unísono con su amada.       

Anaïs Barthélémy

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