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Kamasutra

La posición de Andrómaca

Los antiguos sabían que Andrómaca, mujer de Héctor, el gran héroe de Homero, solía “cabalgar sobre su esposo” y contaban que “detrás de las puertas, los esclavos frigios se masturbaban cada vez que Andrómaca montaba el caballo de Héctor”. La legendaria pareja da su consentimiento a una posición no poco controvertida: el hombre está en situación de inferioridad, la mujer le domina y se convierte en la maestra del juego.

La posición de Andrómaca
© Alejandro Rodriguez

Hoy en día, los sexólogos aconsejan esta posición a todos los novatos del amor, tanto para las mujeres que desean descubrir el orgasmo durante la penetración como a los hombres que quieren aprender a controlar su eyaculación.

Una mujer que no llega al orgasmo en el acto sexual tiene la posibilidad de acariciar su clítoris. Unos tocamientos que le permitirán alcanzar el placer deseado mientras se realiza el coito. En este caso, la posición se revela muy interesante para la mujer que quiere acariciarse al hacer el amor, más que la posición del misionero, pero menos que en la postura del perrito. En cualquier caso, según varias encuestas, el cincuenta por ciento de las mujeres europeas gozan gracias a su auto estimulación durante el acto sexual.

Sin embargo, algunas mujeres buscan la excitación clitoriana sin usar las manos pero con el frotamiento contra el pubis y vello del hombre. Por ello, la posición de Andrómaca aventaja a otras indudablemente: en el misionero, la mujer tiene poco margen de movimiento para sacudir las caderas y se encuentra más o menos bloqueada. Con Andrómaca, ella tiene toda la amplitud para erguir su espalda o variar la inclinación de su busto hasta que encuentra la postura ideal. El contacto entre su clítoris y el pubis de su pareja será óptimo. Además, ella elegirá la intensidad de la presión, el ritmo y el frotamiento. Se adaptará muy bien a las nuevas sensaciones que descubrirá. Todas las condiciones se reúnen para que el juego sea más eficaz y lleve progresivamente al orgasmo deseado.

En cuanto al hombre que desea controlar su eyaculación, buscar una posición relajada provee de un juego erótico más sencillo y posible. Así puede desprenderse de la excitación específica que proviene del vaivén, un enfoque bastante difícil en la posición del misionero. Él se mueve poco en la posición de Andrómaca, su cerebro se desbloquea y tiene menos miedo de la eyaculación inesperada. Se excita con la visión del cuerpo de su amante, desde el bajo vientre a sus senos y su cara. Las caricias y besos se intercambian muy sencillamente y también, juegan un papel importante. La variedad de diversiones eróticas posibles le ayudará a olvidar sus temores. Así la sexualidad retornará a su carácter lúdico tras librarse de la ansiedad del reto.

Dejando atrás el aprendizaje, la posición de Andrómaca también tiene sus encantos. La mujer juega con el pene en su interior, explora a placer los movimientos que variarán sus sensaciones. Dará a su pareja el espectáculo de un cuerpo vivo y móvil, del incremento de su deseo y de su excitación. Son momentos llenos de erotismo para ella que se ofrece y para él que recibe un precioso regalo.

Dr. Yves Ferroul

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