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La posición de la tigresa

El Kama Sutra conviene para todo tipo de situación. Y si la mujer tiene algún rencor contra su amante, le podrá excusar con la posición de la tigresa. Pero para hacerse perdonar, tendrá que esforzarse mucho.

La posición de la tigresa
© Alejandro Rodriguez

¿Cómo engatusar a una mujer en cólera? ¿Una tigresa muy celosa y hecha un mar de dudas? ¿Cómo transformarla en un gatito tranquilo y ronroneando? Una solución: la posición de la tigresa. El Kama Sutra ideal después de una pelea.

La riña acaba de terminar, todavía ella está enfadada. Le toca al hombre intentar todas las técnicas para convencerla de reconciliarse en la cama. Ahí, se sienta y coge a su pareja por la cintura. Ella abre las piernas y pone sus pies sobre los hombros de su amante. Con una mano, se sujeta a la cama, y rodea el cuello del hombre con su otro brazo.

La penetración empieza suavemente y si el hombre tiene brazos musculosos, podrá reforzarla como quiera. Dispuesta a recibir placer, la mujer deja su amante dirigir el vaivén en una postura más lasciva, permitiéndole contemplar su cuerpo y su sexo. Excitado por mirar la penetración, puede entonces acelerar el ritmo.

De repente, la mujer se transforma en tigresa. Se engancha a él y clava las garras en su espalda, muerde su cuello, los hombros, los brazos, dejándole penetrarla como un salvaje. Porque la posición de la tigresa despierta el animal en ella. Los instintos toman la palabra, su flexibilidad conviene para un encuentro sexual casi bestial. En la posición de la tigresa, puede también tocarse y dejar al hombre mirar este acto tan íntimo.

La tigresa es la posición ideal para recobrar la calma. Reunir amantes que lo cotidiano, las preocupaciones o demasiado trabajo han separado. En esta postura, con el sudor y los gemidos, la tigresa estará tan cansada que al fin, se habrá calmado. Es el esfuerzo llevado a cabo por el hombre que trae la recompensa: ver a su mujer sonreír de nuevo.      

Faris Sanhaji

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