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Las ranas

En esta postura del Kamasutra, encontrar el placer no resulta demasiado difícil. La mujer se refugia en los brazos de su amante. Él la invita a su regazo en una posición íntima, donde ella podrá dominar la penetración y apreciar las caricias de su amante.

Las ranas
© Alejandro Rodriguez

La posición de las ranas favorece la proximidad. El placer se multiplica por el contacto y el esfuerzo proporcionado por la mujer. Ella lleva la voz cantante sobre su amante, sacando partido de la situación.

El hombre, sentado al borde de la cama, pone sus pies en el suelo. Ella acerca su trasero al pubis de su pareja y, dándole la espalda, se coloca como una rana para dejarse penetrar. Ella tiene gran amplitud de movimientos y poniendo sus manos en las piernas de él, será la que efectúe el vaivén.

Una penetración tan profunda necesita que la mujer la controle. Teniendo en cuenta que el pene va dirigido al punto G, tendrá muchas más posibilidades de alcanzar un orgasmo extraordinario. Pero para la traca final, el hombre también juega un papel importante, acariciando a su pareja y tocando su clítoris. Especialmente si sincroniza su cadencia con la de ella. Puede usar sus manos para sostener los glúteos de su amante, facilitar y profundizar la penetración.

Las ranas en acción pueden llegar muy lejos en el placer. Esta postura es agotadora pero muy agradable para la mujer: ella decide cuándo poner fin a su éxtasis. Con esta postura quizás la princesa encuentre a su príncipe en la rana.

Faris Sanhaji

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