Los pies en la tierra
Comparado con la unión de los amantes, los pies en la tierra es una postura mucho más sorprendente. Fácil de realizar en cualquier momento y lugar, permite que la pareja se descubra y fomente su imaginación erótica al tiempo que incrementa la pasión sexual.

© Alejandro Rodriguez
“Los pies en la tierra” tiene en sí todo lo necesario para llevar a cabo muchas fantasías.
Uno se imagina siendo otro o tomando varias identidades para montar un juego erótico muy excitante. Sin verse cara a cara, los amantes se dejan llevar por su imaginación hasta puntos insospechados.
No importa dónde ni cuándo, “los pies en la tierra” sólo necesita que se esté de pié. La mujer da la espalda y oprime el vientre del hombre. Puede variar su inclinación para facilitar la penetración. ¿Por qué no echarse uno rápido? ¿O disfrazarse de enfermera, espía, policía…? Además, para los adeptos del sexo anal, “los pies en la tierra” es perfecto.
El hombre y la mujer pueden colocarse frente a un espejo, como en las películas eróticas. Verse a sí mismos en esta situación les permitirá jugar con sus cuerpos, sus miradas y sus sensaciones. Porque aunque la posición favorece la proximidad, la visión del amante está limitada. Sobre todo cuando la mujer se apoya contra una pared, ocultando sus senos y su sexo a su pareja. El obstáculo de la diferencia de estatura puede ser salvado por un cojín, un taburete, o simplemente unos tacones altos.
A pesar de estos pequeños inconvenientes, “los pies en la tierra” es ideal para aprender a conocerse mutuamente. La penetración excitará mucho al hombre y el punto G de la mujer se estimula sólo con el coito o masajeando su clítoris. Ambos tienen total libertad de movimientos y las manos pueden acariciar las zonas más erógenas del cuerpo del otro.
Se trata de una postura sugerente, propicia al juego erótico y muy agradable. Practícala cuando quieras y donde quieras, ¡tú decides!
Faris Sanhaji
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