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Fantasías, masturbación y pareja ¿una mezcla explosiva?

Cuando no hay un estímulo erótico suficientemente poderoso, la mayoría de las personas recrea su mente con imágenes sexuales mientras se masturba. Esto no suele conllevar demasiados problemas a los adolescentes. Sólo si existen sentimientos de culpa o preocupaciones por si las fantasías son o no «normales» pueden aparecer problemas.

Fantasías, masturbación y pareja
© Thinkstock

Algo parecido ocurre con las personas adultas sin pareja, aunque en este caso es más fácil que aparezca el sentimiento de «desadaptación», dado que suele haber una conciencia más rígida de lo que es «normal» o no.
La situación puede ser más complicada cuando esta persona adulta, que practica la masturbación con determinadas fantasías, posee además una pareja a la que ama y con la que mantiene también relaciones sexuales. Es frecuente en esta situación que el individuo se cuestione la normalidad o no de masturbarse viviendo en pareja, o si el hecho de recurrir a fantasías que no incluyan a su pareja puede ser perjudicial para su relación.
En principio podemos afirmar que estadísticamente hablando es «normal» la masturbación en el seno de la pareja. Por otra parte, la masturbación individual en la pareja, vivida como algo positivo por los dos miembros, puede conllevar ciertos beneficios. El más evidente tal vez sea el de servir de método para igualar los deseos sexuales cuando éstos difieren en gran medida. Antes que uno de los dos «atosigue» y culpe al otro de no tener ganas, es preferible aprender a desahogarse a través de la masturbación y, si es posible, que ello pueda ser algo pactado con la pareja, que no tenga que ser hecho a escondidas.
En otros casos, la masturbación puede actuar como incentivador del deseo sexual. Es el caso, por ejemplo, de personas (generalmente mujeres) que han recibido una educación muy restrictiva y represora de sus pensamientos sexuales, con lo que caen en problemas de bajo deseo sexual con facilidad. Para ellas, el hecho de aprender a fantasear sexualmente y dedicar un cierto tiempo a autoexcitarse actúa como un estimulante del deseo sexual, que luego revertirá en una mejora de las relaciones de pareja.
La masturbación puede ser también un importante factor de aprendizaje.
Para uno mismo, porque a partir de ahí aprenderá a comunicar con más exactitud a su pareja sus deseos y preferencias. Para los dos, si aprenden a mirarse el uno al otro durante su masturbación, lo que constituye un placer y un medio de instrucción. Si muchas mujeres que se quejan de que su compañero es demasiado brusco, o va directamente a introducir un dedo en su vagina, practicaran la masturbación en su presencia, muy probablemente le enseñarían con mayor facilidad qué es lo que les gusta y qué tipos de caricias prefieren.
Con todo, no defendemos que obligatoriamente deba existir la masturbación en la pareja, ni mucho menos. Aquellas parejas cuyos miembros hayan optado por renunciar a la masturbación individual y se encuentren a gusto llevando a cabo todas sus actividades sexuales en común, no tienen por qué variar su criterio. Con lo expuesto únicamente queremos expresar el hecho de que, mientras no existan cuadros de ansiedad subyacentes, una compulsión incontrolable o sentimientos de culpa, el mantener la masturbación individual en el seno de la pareja no debe en absoluto conllevar ningún problema sino que, por el contrario, puede constituir una actividad estimulante y placentera para ambos.

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15/07/2010

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