Relaciones sexuales: falsas expectativas
Los especialistas en sexología saben que las personas que han practicado la autoestimulación conocen mejor su cuerpo y las posibilidades de respuesta del mismo, y son menos propensas a sufrir problemas de tipo sexual.
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En las primeras relaciones sexuales esas personas se sienten más seguras y, si la relación es de confianza, suelen comunicar lo que les gusta y lo que desearían. En cambio, aquellas personas que no tienen experiencia sexual, aunque pueden responder satisfactoriamente en los primeros contactos en pareja, si no responden a la estimulación recibida es probable que se preocupen de su propia capacidad (que nunca han probado) y que adopten una actitud vacilante, puesto que desconocen qué es lo que falla y no saben poner los medios para mejorar dicha respuesta.
En principio, cualquier pareja que mantenga lazos de cariño y respeto mutuos puede superar la inexperiencia sexual, pero mantener ideas erróneas sobre la causa de las dificultades puede llegar a deteriorar incluso la relación afectiva. Quizás la idea errónea más extendida sea precisamente considerar que nuestro placer depende únicamente de la habilidad del otro, sin asumir la realidad de que somos los responsables de comunicar al otro qué nos gusta, cómo y cuándo.
Conocer para compartir
La respuesta sexual, como toda respuesta humana, es una interacción constante entre cuerpo, mente y comportamiento.
Para disfrutar sexualmente es necesario la coherencia entre los tres. Por muy cariñoso, hábil y erótico que sea el comportamiento de nuestro compañero o compañera al acariciar, y por mucho que nosotros actuemos en la misma línea, si estamos pensando en el trabajo del día siguiente o en que nos van a oír, es difícil que lleguemos a concentrarnos y disfrutar.
Así pues, debemos tener muy presente que vamos a compartir algo nuestro, que conocemos muy bien, que es nuestro cuerpo y su capacidad para responder, y que no podemos delegar en nuestro compañero toda la responsabilidad de hacernos sexualmente felices.
Así que empieza por participar a tu pareja tus dudas y tus propuestas para mejorar la calidad de tu sexualidad.
Sensualidad, provocación, excitación
Saber acariciar y saber disfrutar con las caricias son habilidades susceptibles de aprendizaje y de entrenamiento, que cada persona ha realizado en distinta medida a lo largo de su vida, sin que nunca sea tarde para dedicarles atención. Esta aptitud tiene una clara relación con la facilidad de cada persona para comunicarse con los demás, puesto que no podemos olvidar que la sexualidad es una forma de comunicación muy completa y variada: durante las relaciones sexuales se expresa ternura, atención, cariño, complicidad, seducción, apasionamiento, alegría y calma a la vez, en una secuencia de comportamientos enlazados por el deseo.
Esos murmullos de placer que todos conocemos, esa sonrisa extasiada, los suspiros y la respiración agitada, todo ello son formas de comunicación; indican al otro que las cosas van bien, que estamos a gusto, que nos vamos excitando, que nos estamos desinhibiendo. Los comentarios más directos son así mismo de agradecer, puesto que facilitan la empatía con el otro: «Me encanta esto, sigue, sigue», «Mmmm, más arriba», «¡Genial!», «Estoy en el cielo». La comunicación es fundamental para sentirnos a gusto, puesto que nos permite tener la seguridad de que lo que hacemos es del agrado del otro y viceversa. Si nos atenemos a las causas de insatisfacción sexual más frecuentemente citadas vemos que, después de la inexperiencia, la incomunicación es la razón de más peso para la mayoría de los hombres y las mujeres.
La piedra filosofal del disfrute en pareja consiste en empezar la relación íntima centrándose en el placer de acariciar y de ser acariciado, primero en las zonas más alejadas de los genitales, para pasar a ellos cuando se ha desencadenado la excitación, que requiere un contacto centrado en las zonas más erógenas del cuerpo. Para la mayoría de las personas estas zonas son: el pecho, el pene y los testículos en el hombre, y la vulva en la mujer, o sea la vagina y las zonas que la rodean (labios, mayores y menores, y clítoris especialmente).
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